Qué perfil de embajador en el Vaticano pidió Francisco al futuro gobierno peronista

Desde el 13 de marzo de 2013, Francisco elige al embajador argentino en la Santa Sede. Ese día fue ungido Papa y su poder terrenal incluye la capacidad política de sugerir al representante del gobierno en el Vaticano.

Sucedió con Cristina Fernández de Kirchner y Eduardo Valdés, y se repitió con Mauricio Macri y Rogelio Pfirter. En ambos casos, Fernández de Kirchner y Macri validaron los consejos diplomáticos del Papa.

Cristina Fernández y Macri estaban en idéntica debilidad política cuando nombraron nuevos embajadores en el Vaticano. Francisco consideraba que Balcarce 50 operaba en su contra y mantenía fría la relación con Buenos Aires. A Cristina le imputaba una movida que se ejecutó para bloquear su llegada al papado y a Macri su decisión apoyar el matrimonio igualitario cuando aún no estaba sancionado.

Fernández de Kirchner entendió rápido la importancia de un vínculo fluido con Francisco, y no dudó en reemplazar a Juan Pablo Cafiero por Valdés. Cafiero hizo una gestión eficaz en la Santa Sede, pero el Papa pretendía una relación más cercana con la Casa Rosada.

Valdés susurraron en Santa Marta. Y Valdés fue embajador hasta que CFK terminó su mandato.

Cuando Macri asumió como presidente, la representación diplomática en el Vaticano estaba vacía y la relación con Francisco en un punto muerto. El Papa había pretendido intervenir en el conflicto institucional causado por la decisión de CFK de no entregar los atributos del poder en la Casa Rosada, y el presidente electo descartó la ayuda desde Santa Marta que se mostraba activa para evitar que se profundice la fractura política y social.

En este contexto, Macri debía designar a un nuevo embajador en la Santa Sede. Se hicieron las consultas de rigor, y el mensaje llegó preciso y claro desde Santa Marta: Rogelio Pfirter, un embajador de carrera, ya retirado, que habías sido alumno de Jorge Bergoglio en Literatura.

El embajador Pfirter hizo lo que pudo en la embajada argentina, pero Macri y Francisco nunca se entendieron. El presidente visitó dos veces al Sumo Pontífice y en ambos encuentros todo fue protocolar, frío y sin química personal. Macri regresó decepcionado a Buenos Aires y Francisco se quedó en Roma masticando su propia frustración política.

Como sucedió con Fernández de Kirchner y Macri, el presidente electo enfrenta ahora la decisión de nombrar a un nuevo embajador en el Vaticano. Y, como ocurrió con CFK y Macri, Alberto Fernández debe resolver esa ecuación política-diplomática en una posición de debilidad coyuntural.

El presidente electo tiene afinidad ideológica con Francisco -más que Cristina y Macri- y siempre respetó su mirada de la Argentina y el mundo. Pero en las últimas semanas, Alberto Fernández anunció que se trataría “cuanto antes” una ley de despenalización del aborto que enviaría al Congreso durante las sesiones extraordinarias.

Ese anuncio del presidente electo cayó pésimo en Santa Marta y Francisco tomó distancia del presidente electo: habían hablado después del triunfo electoral del Frente de Todos y era muy probable un encuentro informal antes de la asunción presidencial.

Sin embargo, el Papa levantó los puentes y ordenó una crítica punzante que ejecutó con verba eclesiástica Víctor “Tucho” Fernández, arzobispo de La Plata, y la Conferencia Episcopal Argentina.

“Vamos al asunto: valoro la capacidad del presidente electo, Alberto Fernández, y espero que pueda levantar y pacificar el país. Pero me llamó la atención leer que enviará inmediatamente un proyecto de ley para avanzar en el aborto”, escribió el arzobispo Fernández en su página de Facebook.

El mensaje del arzobispo de La Plata, amigo y consejero canónico de Francisco, causó un fuerte debate político entre Alberto Fernández y sus principales asesores. Sucedió en las oficinas de Puerto Madero, adonde el presidente electo define su próximo gabinete nacional, y por ahora la discusión no está saldada.

En sus últimas apariciones públicas, Alberto Fernández obvio el complejo asunto, pero el presidente electo está comprometido con la ley de despenalización del aborto y aún no decidió como bascular entre su posición personal y la relación institucional que se propone mantener con el Vaticano.

Francisco respeta la ideología del presidente electo, aunque desde su posición como jefe de la Iglesia no tiene otra alternativa que rechazar su probable decisión de Estado: ya lo hizo con Macri, y también lo hará con Alberto Fernández.

Si el presidente electo insiste con anunciar la despenalización del aborto en su primer mensaje ante la Asamblea Legislativa, Francisco adelantó sottovoce que se pintará de celeste y usará la influencia católica para bloquear la iniciativa en ambas cámaras del Congreso Nacional.

En este contexto, Felipe Solá trabaja en silencio para encauzar la relación entre Alberto Fernández y el Papa. Solá será canciller desde el 10 de diciembre, ya se maneja con astuta diplomacia para entender todas las reglas del juego y evitar que el frío de Santa Marta congele los contactos entre el futuro presidente y Francisco.

Solá es amigo del arzobispo Fernández, y tiene ciertos contactos en el Vaticano. Asume que hay que dejar reposar la discusión sobre la despenalización del aborto y trabaja para abrir un canal que preserve el diálogo y sirva para satisfacer los intereses y las pretensiones de Santa Marta y Balcarce 50.

En latín básico, quid pro quo significa toma y daca: vos me das, yo te doy. Y Solá, que hace medio siglo es militante peronista, decidió aplicar ese concepto esencial en la relaciones política con el Papa y el Vaticano.

Solá se apoya en el arzobispo Fernández, que tiene línea directa con Santa Marta. Y en las cercanías de Francisco agradecen las gestiones que están emprendiendo el canciller “in pectore”. Continúan sorprendidos por las declaraciones de Alberto Fernández sobre el aborto, y creen que Solá puede ser un canal para diseñar una agenda común que respete “las particularidades” de ambas partes.

El probable canciller asumió que el dialogo reservado puede fluir entre Santa Marta y las oficinas de Puerto Madero, y tiene las primeras coordenadas respecto a las necesidades institucionales y políticas de Francisco durante los primeros meses de Alberto Fernández en Balcarce 50.

El Papa, obvio, no quiere que llegue un proyecto de despenalización del aborto enviado por el gobierno a la Cámara de Diputados, y ya ha sugerido el perfil del futuro embajador de la Argentina ante el Vaticano. La rueda de la diplomacia eclesiástica vuelve a girar, como sucedió con Valdés y Pfirter en épocas de Cristina Fernández y Macri.

“Mujer y diplomática de carrera”, se susurró desde Santa Marta. Solá ya transmitió el mensaje a Alberto Fernández, que estaría de acuerdo con el perfil sugerido por Francisco. Antes de fin de año, habría fumata blanca.

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