“Los jueces bajan las penas porque los muertos no son ellos ni sus hijos”

Entrevista a Diana Cohen Agrest, presidente de Usina de Justicia.

¿Con más educación se podría bajar la marginalidad y el delito?

Decir que el delito se soluciona con más educación es lavar culpas. Con la educación podés cambiar una cultura transgresora de la norma, pero eso demora dos o tres generaciones. Mientras tanto, ¿qué pasa si te matan un hijo mañana? La gente ayuda a UNICEF porque se siente muy lejos de poder estar en el lugar del chico que necesita recibir un vaso de leche todos los días. En cambio, nadie quiere identificarse con la familia de las víctimas de homicidio. Huyen ante la mera posibilidad de imaginar algo tan terrible. “Esto a mí no me va pasar”, piensan.

Sin embargo, desde el caso Axel Blumberg en adelante hubo varias marchas convocantes.

En el caso Blumberg hubo un manejo de la política. El ex presidente Néstor Kirchner empoderó al papá de Axel, a Carlos Blumberg. Lo sentó a su derecha en el Congreso. Muchos políticos lo hacen con las víctimas porque les da status. Después, Kirchner lo bajó a Blumberg cuando saltó que no era ingeniero. Cuando organizamos la marcha “Para que no te pase” (octubre 2016), la gente apenas ocupó media plaza del Congreso. Se reunieron sólo los familiares y amigos de las víctimas. En cambio, en la marcha “Ni Una Menos” sucedió otra cosa. Estaban los familiares de la pobre chica asesinada por su pareja, gente muchas veces muy humilde que sostenía su cartel casero y que estaba llorando. Pero también estaban los grupos interesados como Cosecha Roja y otros, además de políticos responsables de la política perversa que se estaba llevando a cabo en ese momento (junio de 2015). Ellos sostenían el cartel de “Ni Una Menos” porque participar les daba nivel y les alivia la conciencia. Eso no pasa con las víctimas de homicidio comunes.

Sociedad y Justicia, ¿están divorciados?

La Justicia funciona con cánones establecidos a principios del siglo XX. Y el sentido común va en dirección contraria. Por eso el ciudadano se sorprende de muchas decisiones que toman los jueces. Ellos se amparan en la famosa expresión: “Conforme a derecho”. Y la ley dice: “El juez podrá o deberá…”. Sin embargo, muchos jueces toman el “deberá” y no el “podrá”. Lo hacen para excarcelar a un condenado. El derecho ha operado así a lo largo de los años. Y en las últimas décadas, Eugenio Zaffaroni ( ex juez de la Corte Suprema) introdujo su teoría que invierte el rol entre víctima y victimario. A través de cátedras universitarias fue transformando ideológicamente el lenguaje y la orientación del derecho.

¿Cuál es la contrapropuesta a la teoría que invierte el rol entre víctima y victimario?

Que las leyes se cumplan. Que giren en torno de la víctima y no del victimario. La víctima ni siquiera es parte en la causa. También hay una tendencia a des-responsabilizar, y no sólo en lo penal. En el colegio no ponen más amonestaciones. Una tendencia falsamente buenista. Hay que elaborar un código penal y un código procesal penal que atiendan el beneficio de la víctima. Que tenga abogado querellante. Es decir, que esté en las mismas condiciones que el victimario. Y que sea indemnizada la víctima. Muchas veces la gente no tiene ni para pagar un ataúd.

¿Por qué aumenta el delito?

Desde el punto de vista zaffaroniano, la gente que delinque -o como se dice ahora “aquellos que se encuentran en conflicto con la ley penal”- han sido victimizados por la sociedad. Entonces la sociedad está en deuda con ellos y tiene que reparar esa deuda a través de la exoneración del castigo. Esto deja más delincuentes en la calle. Es muy fácil ser generoso con la sangre ajena. Cuando un juez disminuye los años de prisión o da prisión domiciliaria a un asesino o transitorias, es porque el muerto no es él ni su hijo.

¿Todas las víctimas son iguales ante la ley?

En 1985, Naciones Unidas elaboró la Declaración sobre los principios fundamentales de Justicia para las víctimas de delitos y del abuso de poder. Allí se reconoció todo tipo de derechos de las víctimas, entre ellos derecho a una indemnización. Nuestro país adhirió a la Declaración. En ese momento, estaba en auge la reparación de las víctimas del terrorismo de Estado. Entonces el presidente Alfonsín concentró la política de reparación de las víctimas sólo en las víctimas de terrorismo de Estado. Cobraron 250 mil dólares cada una. Pero nunca cumplieron con el resto de las víctimas. Y esas diferencias aún persisten. Se ven con el tema de género. Por ejemplo, la ley Brisa, recién reglamentada, da compensación económica a los hijos de los femicidas. Me parece muy bien porque tienen un padre preso y una madre que no está. Pero, ¿por qué esa Ley no se hizo extensiva a los hijos cuyo sostén de familia es asesinado?

¿Qué propone para bajar el delito?

Tomar muestras de ADN es un paso. En Inglaterra había un proyecto que buscaba crear un registro de datos genéticos tomando una muestra de ADN a todos los recién nacidos. En Argentina, ahora salió una ley que crea el registro de datos genéticos para violadores. Pero está mal hecha. Porque, aún cuando se haya capturado al violador, no se puede incluir la muestra en el banco de datos hasta que ese sujeto no sea juzgado en segunda instancia. Y para eso pueden pasar de diez o 15 años. Entonces, el acusado sigue violando. Por otra parte, no se entiende por qué esa ley no se aplicó para los homicidas. Además, las penas deberían ser de cumplimiento efectivo. Y otra cosa: aquí no se autoriza la prisión preventiva y hay una discusión sobre cómo aplicarla. Y mientras tanto, el homicida o violador continúa haciendo su vida. La excusa del hacinamiento en las cárceles es otro punto.

La cárceles, además de superpobladas, no rehabilitan.

Deberían construir más. Con el criterio del hacinamiento, si en un hospital no hay camas, al enfermo agudo hay que mandarlo a la casa. Y si una escuela ya no tiene cupos, al alumno lo tenés que devolver a la casa. Nadie hace eso. Los derivan a otro centro. Pero a los condenados, los mandan a su casa con prisión domiciliaria, que es una gran mentira. Las pulseras electrónicas se abren. Se la ponen a un perro o a una silla.

¿Cómo está la agenda política en relación a los derechos humanos?

El nuevo plan que anunció el presidente Macri es adecuado para Finlandia, pero no para la Argentina. Aquí matan a un chico por un celular. El primer derecho humano es el derecho a la vida. Las víctimas de homicidios estamos abandonadas por el Estado. Hacemos el trabajo que el Estado no hace.

¿Quiénes son las verdaderas víctimas y los victimarios?

Es terrible que una mujer sea violada y va a tener un trauma toda la vida. Pero puede defenderse porque está viva. Los familiares de las víctimas de homicidio común, también tenemos un trauma. Y ni siquiera estamos en una causa. Entonces debemos ejercer un doble rol: hacer el duelo y buscar que el Estado nos apoye. Una mujer que es único sostén del hogar y a quien le mataron al marido, no tiene ningún apoyo. Tiene que demostrar que pertenece a un grupo vulnerable, o que es indigente, para que le den un abogado. En Francia o en Canadá, la reparación de la indemnización es tan alta que la víctima se paga el abogado y los gastos. A Usina de Justicia llega gente desesperada que no tiene abogado. Y los asesinos de sus hijos andan sueltos.

Algunos asocian sus ideas con una postura de mano dura.

Es una mirada política. Quienes dicen eso quieren el neopunitivismo. Rita Segato, feminista, antropóloga argentina radicada en Brasil, dice que el violador o el delincuente es parte del escenario social, que no se puede hacer nada con ellos y que hay que aceptarlos como parte del escenario. Ella es antipunitivista. Y también pasa con los movimientos de género. Postulan que se den clases en las escuelas para que no haya abusos de género. Es una postura buenista , una herencia de la confusión que se generó por tantos años de dictadura, luego de la cual se confundió autoridad y autoritarismo.

¿Por qué Nahir Galarza tiene club de fans?

Hay algo perverso en la sociedad y la psicología humana que prefiere identificarse con el ganador, con el que mata y sobrevivió. Nahir Galarza es la versión femenina del odontólogo (Ricardo) Barreda. Por otra parte, los movimientos de género ven a la mujer siempre como una víctima, aun cuando haya cometido un hecho atroz. Es un feminismo perverso.

A raíz del caso Chocobar, ¿cuán problemático es el asunto y cuán lejos estamos de esta solución? ¿Está bien que el Presidente haya tomado partido al recibirlo?

​El problema es ideológico. Mientras se insista en la inversión entre víctimas y victimarios, no hay salida. En otros países, la ciudadanía vota a los fiscales. Y si un fiscal no es idóneo, no será reelegido. En cambio, en la Argentina padecemos el estatus de casta corporativa de los operadores judiciales. El sentido último del Estado de Derecho es proteger la vida de los ciudadanos. Si una justicia perversa no cumple con su función, debe primar el derecho a la vida de los ciudadanos por sobre el principio de la división de poderes.

¿Cómo analiza este momento del país desde la perspectiva histórica y política?

Durante los últimos 30 años, se privilegió el pragmatismo político por sobre la virtud republicana, paradójicamente cuando fueron los valores republicanos los estandartes que guiaron el regreso de la democracia. Y pese a los discursos que se enarbolan -la ampliación de derechos , los DDHH, o la transparencia, según el gobierno de turno-, el Estado continúa siendo el gran botín de la política, vicio profundizado por los gobiernos peronistas e imitado por los no peronistas. Es notorio entonces que la modalidad de ejercicio del poder provocó una crisis de representación. El divorcio entre las élites dirigentes y la gente se profundiza porque con la irrupción de las redes y el acceso a la información que posibilita Internet, ya no es sólo el Estado el que controla a la ciudadanía sino que ésta a su vez puede controlar al poder. ¿Cómo continuar, entonces, conservando ese botín cuando el mundo es cada vez más transparente?

Una referente en el reclamo de justicia

Sus manos descansan sobre los ojos de su hijo. La mirada de Ezequiel parece encontrarse con la de su mamá. Durante toda la entrevista, Ezequiel está presente desde la tapa de Ausencia Perpetua, el libro que escribió Diana Cohen Agrest, su mamá. A Ezequiel Agrest lo mataron el 8 de julio de 2011 cuando intentó defender a una amiga del ladrón armado. Tenía 26 años y estudiaba Cine.

Sebastián Pantano, también de 26, le pegó dos balazos. Fue juzgado y condenado a 18 años, luego de que Casación anulara la condena perpetua. Los jueces “valoraron” que haya pedido perdón a la familia. “Se atribuyeron la capacidad de leer la mente del homicida y llegaron a afirmar que no tenía intenciones de matar. Es obsceno ”, señaló Cohen Agrest en su momento.

Los ojos azules de Ezequiel todavía miran. Diana no despega sus manos del libro. Su abuelo, Aaron Cohen, llegó a la Argentina desde Siria. Diana quiso ser rabina como él. Pero como no dejaban en aquel momento a las mujeres, se anotó en Filosofía. “Siempre me interesaron los temas trascendentales. La vida. La muerte. El dolor”, respira y convida un té. En la UBA, a los 20 años, se enamoró de Gustavo Agrest. Formaron una familia. Llevan 40 años juntos. El último día del juicio al asesino de Ezequiel, se le acercó una mujer de González Catán. Le contó que, con otras madres que habían perdido a sus hijos, estaban en cadena de oración por Ezequiel. “Ahí me di cuenta de que yo erala voz de quienes no tienen voz. De que tenía que hacer algo para ayudar a las víctimas de los delitos comunes”, confiesa Diana. Entonces fundó Usina de Justicia, asociación civil apartidaria por los derechos de los familiares de las víctimas de homicidio. En su página, usinadejusticia.org.ar la gente puede sumarse y donar. Desde 2014 llevan atendidos más de 200 casos. “Las familias de las víctimas se acercan desesperadas. Muchos no tienen abogado y los asesinos andan sueltos. Los acompañamos con atención psicológica y los ayudamos a presentar los escritos. Pero necesitamos abogados penalistas que puedan donarnos unas horas de trabajo ”, explica Diana.

“Como en las olimpíadas griegas, a través de las generaciones, nos vamos pasando la antorcha que va de corredor en corredor. Desde Usina de Justicia, los padres, los hermanos, los hijos, estamos completando esos proyectos de vida que fueron súbitamente arrancados. Usina de Justicia estará mañana donde nos necesiten. Nosotros, los padres, los hermanos, los amigos, y también los abogados, médicos que trabajamos en Usina intentamos ser la voz de quienes ya no la tienen”.

“¿Si guardo esperanzas desde lo personal? Cuando se pierde un ser querido desaparecen esas nociones. La vida queda partida en la vida que tenía antes y la vida presente. Y el presente, a su vez, se divide en el duelo y la lucha por el ser querido perdido; más tratar de sostener el aspecto social y familiar. Porque hay que seguir viviendo”, dice Diana.

Tiene la mirada limpia. La voz firme. Los ojos azules tristes. Suena el teléfono. Son las amigas del tenis que requieren su presencia. Diana sonríe por primera vez.

Itinerario

Diana Cohen Agrest es doctora en Filosofía por la UBA y magister en Bioética por la Monash University de Australia. Presidente de Usina de Justicia. Docente e investigadora del Departamento de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Dirige un curso en diplomaturas virtuales de bioética en Universidad Isalud y tiene un grupo de filosofía para mujeres, con el cual se reúne una vez por semana en su casa. “Hacemos filosofía con sentido del humor”, confía. Autora de varios libros, en 2009 recibió el Premio UBA a la Divulgación de contenidos educativos en medios periodísticos nacionales. (Clarín)

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