El Sol, en su pico mínimo de actividad

Desde que la observación del Sol se hizo regular a mediados del siglo XVIII, estamos en el cierre del ciclo 24 de la actividad solar y vivimos la apertura del ciclo 25. Mientras las manchas solares, muy escasas en lo que va de 2020 (registrando un mínimo en Febrero),  pueden reaparecer, la inactividad del astro se expresa también en un campo magnético debilitado y otros fenómenos asociados. 

Tras las especulaciones que se han elaborado entorno a éste suceso y teniendo como referencia el contexto histórico ocurrido entre 1790 y 1830, que llevó a períodos de frío severo, pérdida de cosechas, hambrunas y poderosas erupciones volcánicas, los científicos aseguran que es completamente falso que la baja actividad solar pudiera causar clima helado, terremotos o erupciones volcánicas, como se ha difundido en los días recientes. 

Ha habido periodos en donde por varios ciclos el Sol ha presentado baja actividad (pocas manchas y tormentas), y en otros ha sido más intensa. El que recién está terminando, el ciclo 24, fue moderado y podemos decir que en su pico, que fue en 2014, no tuvo pocas ni muchas manchas.

Se especuló que los siguientes ciclos serían menos intensos y que posiblemente se repetirían algunos de muy baja actividad, como los registrados en algunos periodos de la historia, conocidos como los mínimos de Maunder (de 1645 a 1715) o de Dalton (1790 a 1830), acompañados de una ligera baja en la temperatura del planeta, que fueron calificados como mini eras glaciares.

Al mismo tiempo, el mínimo solar propicia un aumento de la llegada de rayos de escala galáctica provenientes de las supernovas, La atmósfera de la Tierra protege de esta radiación a los habitantes en la superficie del planeta –que sin embargo pueden resultar más expuestos al riesgo de cáncer– pero a mayores altitudes, la radiación representa un peligro adicional para los astronautas.

(Fuente: NatGeo.com)

-S-

 

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