Caso Katherine: dos años del crimen que mostró la impunidad de Monte Hermoso

Katherine Gabriela Moscoso tenía 18 años. Salió a bailar y nunca regresó a su casa. Tras estar desaparecida seis días, su cuerpo sin vida fue hallado semi enterrado en un médano.

Hasta hace dos años un 23 de mayo en Monte Hermoso era un día como cualquier otro. En el 2015, dos muertes dejaron expuestas las irregularidades de una pequeña ciudad con fama de «tranquila».

Incendios múltiples, violencia que deriva en la muerte de un hombre, gritos y llantos. Fuerzas policiales cómplices más que ineficientes, muy lejos de tener como objetivo la seguridad de la localidad balnearia. Negocios, políticos, prostitución y drogas: una realidad que no sorprende a los montermoseños, a quienes mucho menos les asombra la impunidad.

A dos años del hallazgo del cuerpo sin vida de una adolescente inocente de 18 años aún no hay detenidos por el crimen. Personas obligadas a realizar declaraciones falsas, encubrimientos, una investigación manoseada desde el principio, fiscales ineficientes y muy poco interés en que se sepa la verdad.

Juan Carlos «Canini» González fue asesinado por un grupo de hombres, arengados por efectivos policiales que lo señalaban como el culpable de la muerte de Kathy. La policía debía protegerlo: era un testigo clave. Pero «Canini» sabía mucho y al poder político y policial le servía muerto. Aprovechándose del dolor y bronca de un pueblo lo lograron. Hoy, son 9 los acusados por el homicidio.

A dos años se pide justicia, una palabra de la que desconfiamos todos los argentinos. Se pide que se actúe, que no se archive la causa, que se investigue, que hablen quienes tengan que hablar.

Katherine era simpática, alegre e inocente. No la conocí pero podría haberlo hecho, e incluso puedo haberla cruzado en alguna oportunidad. Podría haber sido parte de mi familia, vecina de mi barrio o compañera de escuela o trabajo. Pero antes que nada era una persona que como tal merecía vivir, y nadie debería haber tenido el poder de decidir qué hacer con su vida.

Lamentablemente la muerte ya no nos sorprende, y mucho menos si se trata de una mujer. Pero no hay que bajar los brazos y mucho menos mirar para un costado. Hay que acompañar a su familia en la lucha para que la impunidad no se lleve, de nuevo, una vida.

A dos años, justicia por Kathy.

Por: Julieta Revelli

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